Había un monstruo que comía mientras lloraba, y no reía.
Y poco a poco se iba comiendo hasta el tiempo y se mordía la cola para comerse y vomitarse y volver a hacerlo.
Un monstruo de ojos lechosos y ciegos, de lagrimas sin nombre y de cuerpo sin dueño. Que se arrastraba en busca del siguiente bocado y que bebía agua con los ojos cerrados, por si acaso, por miedo a verse en su cruel reflejo.
Un monstruo sin nombre que me persigue en sueños con su andar lento y profundo.Que me consume, y me alcanza y me quiere derribar por dentro.
Un monstruo que me come y me destroza cuando cierro los ojos, que se muerde la cola y se queda sin principio y sin final, un circulo gordo y aborrecible que no puedo matar.
Pero desaparece cuando me despierto, y lo siento acecharme por la espalda, buscando el momento para atacarme y echarme abajo y engullirme de un bocado.
Y tengo miedo de que algún día venga de frente, tengo miedo de verle y verme reflejada en sus ojos asquerosamente blancos, de verme a mi misma, reconocerme y no poder huir más de todo lo que siempre he estado huyendo y escondiéndome y escondiendo, de todo lo que un día quise olvidar y no pude y oculte, y que esta digerido en alguna parte del monstruo que llora mientras come.
Mi monstruo al que le meto puñados de comida en la boca mientras llora porque no quiere más, y lo hago para que no grite y poder ignorar que está ahí.
Para ignorar que llegará el momento en que se coma todo el tiempo.
Para ignorar que llegará el momento en que ya no podré esperar más.
Y perderá la voz en un grito que derribará todos los muros que un día hice para protegerme de mi.
Y me derrumbará.
Cada vez escribes mejor. Un abrazo desde Madrid.
ResponderEliminarÁngel.