Buscar entre las noches, entre los coches el equilibrio desesperado de los hombres desesperados.
Que no te busquen, que no te encuentren, que si te ven no te vean, que sus ojos pasen de largo por tu cuerpo como si fuese aire hinchado.
Sentir las caricias de otro días como si fuesen latigazos lacerando tu piel, y querer arrancar las huellas, los caminos, las enormes rutas de las montañas de tus curvas, tan difíciles.
Dar vueltas y vueltas y vueltas, girando, para perder el norte, y el sur, y todos los sentidos y las direcciones, sin saber a dónde ir. Porque quiero olvidar que podría ir a cualquier parte.
Y mirar al yerto páramo que se extiende ante mis ojos como si fuese todo el universo gris, y sentirme tan gris como si fuera negro, más que negro, todo frío, todo desprovisto del calor humano del latido de un corazón.
Sólo hay mecanismos, y tuercas, y relojes para romper la vida, y seguir el tiempo.
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