En el 14 de agosto de 1993 no pasó nada interesante según la Wikipedia, en el 92 cayó un meteorito y golpeó por segunda vez en la historia a una persona conocida - al resto no tuvimos el placer de conocerlas-, y en el 94 ganaron los españoles una maratón. No es demasiado interesante.
En el 93 ni siquiera paso nada. Mentira, porque en el 93 nací yo.
Diecinueve años llevo ya vagando por el mundo.
Diecinuevo año para estrenar.
Probablemente el día en que nací hacía calor, y sol, y no había ni una nube, igual que hoy; la gente estaría preparando las cosas para irse de vacaciones porque el 15 es fiesta, hablarían de ir a la playa y de lo que tenían que llevarse. El resto seguiría paseando por el centro, entrando en las tiendas, saliendo de las tiendas, tomando café, besándose. Yo mientras berreando sin saber por qué ni con qué. Qué demonios sería yo ese día, qué habría en mi conciencia el día de mi nacimiento.
Es una pena, porque tú vienes al mundo pensando que lo eres todo y el mundo ni siquiera sabe que existes.
Es un trauma demasiado grande como para poder superarlo.
Aceptar que tus padres son un número más en las encuestas.
Aceptar que tú eres un número más en las encuestas.
Aceptar que uno no puede ser siempre tan negativo.
Es mi cumpleaños, un día normal, no espero mucho de él,sólo que vengan las doce y llegue otro día, y otro, y otro, y que las horas se deslicen sigilosamente, que se escapen por las ventanas, que los segundos corran al viento, y que llegue otro día, y otro más, y otro, y que ninguno esté demasiado mal.
Nacer es morir al revés.
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