Cada vez que veo al niño de hojalata jugar no puedo evitar que un escalofrío me recorra la espalda.
Cuando le miro, le veo, le veo por encima de todo lo que le rodea. Atrae mi atención de una forma horrorosa, y cuando le miro no puedo apartar la mirada.
Le miro, y pienso que cuando golpee la pelota con el pie se va a caer, o que cuando la recoja se va a caer, o que cuando la pare se va a romper. Siempre pienso que no puede, porque es de hojalata, y esta un poco oxidada, y creo que no puede. Pero él me demuestra, no sé cómo, sin siquiera saber que yo estoy ahí, que sí que se puede. Siempre se las apaña para dejarme boquiabierta.
Es pequeño el niño de hojalata, la verdad es que no sé porqué es de hojalata. Lo mismo podría haber sido de madera, o de plástico. Vete tú a saber. Y es muy gris, y muy triste, pero él siempre se las apaña para parecer alegre. Alguien grita que tal vez lo es. Puede, pero no creo.
Es un niño de hojalata, y juega con niños de carne. A lo mejor la carne es peor, pero no sé.
A veces me pregunto ¿Un niño de hojalata es un niño o un monstruo? otras me pregunto ¿Todos los niños que no son de hojalata son monstruos? Me pregunto eso mientras le veo reírse con esa risa suya tan herrumbrosa. Cálida.
A veces me entran ganas de abrazarle, pero entonces me siento muy rastrera, porque, aunque no debería, porque sé que no debo, a veces el niño de hojalata me da pena, pero, claro que no le abrazo. Desecho la idea lo más rápido que puedo, y eso es bastante rápido la verdad. Porque él no se apena ni se compadece de su hojalata ni de su risa metálica, ni de su fragilidad aparente. Porque no lo necesita.
Entonces, cuando pienso eso, quiero mucho al niño de hojalata, y le agradezco, todo lo que puedo, para él nada, lo que hace por mi sin siquiera mirarme ni darse cuenta de que existo, porque a veces cuando lo miro me gustaría a mi ser como él, o que hubiera más como él, o que así fuésemos todos,como él. Inocentes.
O no, a lo mejor eso no sería mejor.
Pero él me basta. El niño de hojalata es mi mejor amigo, porque me ayuda a sentirme bien cuando me siento débil, porque siempre está ahí, a lo mejor un poco más oxidado, pero siempre igual, y siempre me vale. Aunque no me conoce.
Le quiero mucho, pero él no lo sabe.
A lo mejor él me ve, y me conoce, y siente pena por mi, pero no sé.
A lo mejor yo también soy de hojalata, o de madera, o de plástico, o incluso de carne. Vete tú a saber.
Ay, me encanta ese autómata tuyo, tan lleno de inocencia... Ojalá ésta no fuera tan frágil.
ResponderEliminarHe visto a mucha gente de plástico e incluso a algún que otro personaje con el corazón de madera hecha cenizas por el fuego de antiguas pasiones, pero ningún pequeñín de hojalata (o, al menos, ninguno con tanta calidez en su risa como el que te hace feliz).
Bss, bonita canción^^!