El verde nunca fue un buen color

El viento hacia bailar las hojas, y las hacia brillar. El sol nos cubría.
Y tu mirada evitaba la luz.
Yo te preguntaba la verdad, como siempre. ¿Dónde esta?- te decía- ¿Sabes dónde está?
Y tu no me mirabas.
Yo te decía que nunca la encontraba, que tenía miedo de encontrarla.
Pero tú ya no entendías, cambiaste todo lo que tenías por un sillón, y te tumbaste, y ni siquiera cabías en él.

Y todo lo que tenías no era lo que eras, pero tu creías que sí. Siempre querías creerlo.
Y yo tenía todo el miedo del mundo arrancándome los ojos.
Hubiera deseado no verte. Hubiera querido que entonces, allí, con todo verde, con todo de luz, con todo eso que parecía tan feliz... hubiera querido que estuvieses conmigo.

Pero tu ya te habías ido demasiado lejos, demasiado abajo. No pude sostener tu corazón de trapo.
Cuando te mire, cuando me atreví a mirarte a los ojos, eran de cristal.
Y no quería pero lloraba por ti, por mi, por mi.

Yo quise creer que podía ayudarte, que lo que más quisiese en el mundo se haría realidad, pero tu tiraste hacía atrás para que mis manos no pudiesen llegar.

Y mi corazón se engañaba, yo bailaba entre lo verde y entre la luz, con los ojos cerrados evitando tu estatua, gritando, llorando, pensando, queriendo pensar, forzándome, empujando la verdad lo más lejos que podía, casi creyendo que mientras yo giraba entre el viento, de alguna manera, conseguiría que volvieses conmigo. Que me sonrieses y me dijeses que todo era una gran mentira. Y sonreía con esa sonrisa triste que se lee entre dientes que todo se acabó.

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