Ha pasado mucho tiempo en el sol desde que las estrellas brillaron para nosotros.
Ahora, cuando camino entre los cráteres, y los volcanes, y el fuego, en realidad, todo es ceniza.
Hay demasiadas lunas aquí, demasiado espacio, demasiado vacío.
Y después, sólo estoy yo.
Caminando, vagando, quemándome poco a poco en la eternidad.
Recuerdo tu mano, tu mano tendida hacía la mía, y me pregunto, si, alguna vez, fue de verdad.
A veces te esculpo en la roca candente, como puedo, en la roca fundida, con mis manos de piedra, con mi cuerpo de piedra, con mi corazón de piedra.
Puede que tenga sed, pero ya no tengo boca.
Ya no sé que soy, debería morir, mientras me hundo en el fondo del agujero de mi existencia, aún más, sé que debería estar muerta. Y lo estoy, a cada paso me muero más en esta muerte de ausencias y vacíos.
Me rodean muros de aire.
No echo de menos nada en concreto cuando intento recordar como eran las cosas. Es una sensación de falta de todo, como si tirasen de ti hacia un agujero negro.
Reírme de verdad, me gustaría reírme de verdad, ver algo blanco de verdad. Después, haced conmigo lo que queráis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario