y a tres días de inanición, yo digo que es mejor que Jesucristo
porque lo regué al cuarto día y una de sus hojas aún se levantó.
No camina, ni le sangran las heridas.
Lo único que hace es esperar paciente a que yo le dé agua
y le ponga al sol. Su flor está seca y las hojas marchitas,
no, del todo no, aún una se levanta y quiere sol.
Me pregunto si tengo derecho a apenarme,
cuando fui yo la que le hizo esto a mi pobre girasol.
Para ser tan joven tiene ya muchas penas,
pero lucha, aunque sólo le quede media hoja
que ni verde, se yergue aún desafiando a Newton (y al que haga falta)
Es un girasol sin duda valiente,
no le gustan las reglas de la física actual.
Y para los muchos que sólo saben enumerar coeficientes
me digo, cómo no le voy a ayudar.
Una fina plumilla cobre su tallo,
parece que alborea algo de vida,
le cae alguna hoja muerta todos los días,
se la arrancó con respeto,
no caben muertes en alguien
que sólo espera vida ya.
Y sí me preguntáis, qué pasa si muere,
que no morirá,
lo mínimo que puedo hacer
es dejaros de hablar.
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