No hay perdón, tan sólo olvido.



Y los momentos son las sucesiones de los posibles noes del tiempo.
Y todo eso a lo que dije que no y viniste a enseñarme para decirme que sí.
Y decir sí hasta que todo era tan aburrido por su afirmabilidad eterna.
Y decir sí hasta que tenía que cerrar los ojos para no leer tus labios después de haberme quedado sorda.
Y decir sí definitivamente y decir sí cuando decir sí es decir basta, es decir ya no más, es decir no.
Y entonces tú diciendo no.
Tú no encontrando la manera de decir no en la afirmabilidad de tu encierro.
Tú acostumbrada a que yo te diese todo.
Tú diciendo que todo no era suficiente.
Tú no creyendo.
Tú diciendo no cuando te pedí que si tú eras tú dijeses sí.

Yo dándome cuenta de que ya no podías ser tú.
Yo diciendo no sé.
Yo diciendo no sé y atreviéndome a decir no.
Tú no creyendo.

¿Y esto?

Fue el tiempo que nos empapó los zapatos.

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