Un poco de todo.

Jodimos todo lo que fue por no ponerle nunca un nombre, deformamos lo que no conocíamos por no atrevernos a más, por ser un par de cobardes. Escondimos hasta nuestra propia cobardía. Nos quitamos el poco orgullo que nos quedaba, que era reconocer, al menos, nuestra falta de valor.

Ahora me hablas y me mientes, o, me mientes y me hablas, y me dices cosas que ya sabes que sé que son mentiras, sólo, porque necesitas decirme algo. Y yo te miro, y sabes que no te creo, pero no lo digo.

Y fingimos que aún somos algo cuando juntos no somos más que dos grandes vacíos. y nos da miedo.

Siempre fuimos dos espejismos. Yo siempre fui lo que tu quisiste, y quisiste lo que querías que fuese. Y tu siempre fuiste lo que yo quise querer.

Y aunque somos lo mismo, la gran verdad es que no somos nada.

Y ya no hay nada que decir, ni nada que hacer ni nada que nos pueda salvar.

Ninguno sabemos como actuar, tratamos de esconder nuestra decepción en la decepción del otro. Y no tenemos agallas de colgar el cartel de cerrado, aunque sean las doce de la noche, y haga frío, y ya no haya nada que cerrar.

La nada que nos hunde, la nada que siempre fuimos y que nunca quisimos ver, la nada que nos separa, el abismo que nos une.

Nada.

Un adiós sería lo justo ahora.
Pero por más que lo digamos no estamos preparados para oírlo.

Nos faltó un poco de todo, demasiado.


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