El destino nos arrastrara demasiado lejos como para recordarnos.
Y se perderán nuestros gritos en silencio, y nuestros sueños.
La ausencia de lo que nunca llegó y nos empeñamos en imaginar nos ahoga.
Ahora toca abrir los ojos a la realidad.
Y darse cuenta de que todo fue nada, de que todo pasa, de que no pasa nada.
Sonreírnos de lejos, mirarnos y encontrarnos con que ya no es lo mismo.
Dejar a un lado el nosotros, para ser solos y acompañados.
Sin volver a unirnos en una palabra, unir las caras y darnos dos besos que nunca quise dar.
Cambiar el rumbo sin que se note, y dirigirnos a otro puerto, que aunque no se atisba en el horizonte, se presiente en el corazón.
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