La canción del no


El aire pesa.
Te preguntas una y otra vez cómo has llegado hasta ese punto, pero lo peor de todo es que no lo recuerdas. Sólo hay una vaga sensación de música, alcohol y luces.
Luces brillantes, hirientes, como la verdad que te ha asaltado esta noche y que querías evitar. Pero no has podido.
Es una pena.
Siempre te pasa lo mismo, siempre, siempre, eso es lo que te dices mientras te miras en el espejo y te buscas.
La verdad sigue ahí y te persigue detrás de cada esquina, tras cada calle su alargada sombra te alcanza. Y te hunde.
No puedes escapar, tal vez se te ocurrió la idea de hacerlo y la desechaste antes de tiempo.
Deberías darle más importancia a las salidas de emergencia.
Pero ahora, cariño, ya es demasiado tarde.
Es demasiado tarde mientras aún dormida te duelen tus sueños, y mientras despiertas te ahogan las mantas en una cama que no es la tuya. Pero que lo fue.
Es demasiado tarde, y lo peor de todo es que quisiste esconderte, y no supiste.
Ahora el aire pesa, el aire ahoga, y tu te levantas sonámbula cerrando los ojos fuerte para no reconocer el mundo.

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