Últimamente esta ocurriendo algo extraño, cerca, muy cerca, rodeándome. Como un cerco. Podréis pensar que es malo, pero nada más lejos de la realidad, no es ni malo ni bueno, tal vez otro día lo sea.
Y no me sienta nada mal.
Los días se acumulan uno tras otro como si fuesen de humo, como si pesasen lo mismo que el humo. Se superponen , translúcidos, parecidos, pero indiscutiblemente pasajeros, buenos pasajeros, como ir en un tren de noche mirando la carretera, o mejor, como ir llegando a la playa, y de repente, oler el mar.
Me persiguen por las calles de este pueblo las ganas de silbar, de andar y de silbar y de andar como bailando los silbidos, o la música.
No puedo decir que no, cuando leáis esto no podre deciros que no, algo de felicidad si que hay. Estoy contenta, lo sé porque tengo ganas de saludar a la gente, y no me importa encontrarme con ella por la calle.
Peligro. Peligro. Algo así gritan por aquí. ¿Debería preocuparme? No importa, no hay que pensarlo, ya hay un destino, todo esto tiene un destino, un billete de tren, de avión, de autobús, no importa, ya se sabe a donde va a llegar.
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