Todas las estrellas te mintieron.

La niña con los ojos de estrellas siempre quiso llegar demasiado lejos, y pensó que lo mejor sería moverse al compás del baile, y bailar con la luz, pero se le olvidó que el infinito nunca fue un horizonte. Sólo aprendió a moverse lo bastante rápido como para no darse cuenta de que no iba a ningún sitio.

Todo lo oscuro que podía importar un poco en el cielo  le gritaba que no valía la pena perder la eternidad buscando el infinito, y ella creía que tenía tiempo.
Y anda llorando entre los demás, estáticos, que vacilan con pena, con su débil luz, viendo como se desgasta, como se rompe, como se agrieta, sabiendo que nunca encontrará.

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