Doblepensar

Yo, mi más sincera mentirosa, decreto la total abolición de cualquier tipo de principio o engendro que se le parezca. En relación con los últimos hechos ineludibles de mi realidad he llegado a la conclusión de que nada merece lo suficiente la pena. La pena es superior, la pena es el dolor, la pena es el castigo, la pena es el pago. Y no merece la pena pagar, a no ser que sea en efectivo y al contado.

Decreto que no merece la pena cuidar a la rosa sin espinas. No debemos cuidar a la rosa sin espinas porque las rosas sin espinas son demasiado soberbias, y nuestro espacio es tan pequeño...tan pequeño, el baobab es demasiado peligroso, la cárcel para el borrego, el borrego siempre comerá rosas sin que le importe su belleza. ¿Ha de importarnos? La rosa es el engaño, la rosa no vale una mierda, el planeta es demasiado pequeño, y el guardagujas está siempre demasiado ocupado, y el rey demasiado solo, y la serpiente siempre muerde, aunque parezca que lo haga compasivamente, la serpiente siempre muerde.

La realidad no importa nada, y es lo único importante, pero conscientemente me indujo a la mentira de que no me importa nada.

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